Trincheras de la Guerra Civil

Tras la batalla del Jarama, los dos bandos comenzaron una labor fortificadora con el objetivo de prevenirse ante un posible ataque enemigo que se extendería hasta el final de la contienda. En el bando republicano, la tendencia imperante fue la de establecer grandes líneas de trincheras que conectaban la primera línea con sucesivos niveles defensivos, en una práctica que tenía su origen en la I Guerra Mundial. Estos niveles defensivos solían tener una disposición lineal, en la que todas las defensas apuntaban en la misma dirección.

El primer nivel defensivo era la denominada “primera línea”. Tras las alambradas y los puestos de escucha —desde donde los soldados de guardia intentaban detectar por la noche cualquier ruido que anunciara un posible ataque— se encontraban los atrincheramientos o los puestos de tirador, desde los que los defensores intentaban repeler el asalto de quienes hubieran conseguido superar las alambradas.

Tras la primera línea se encontraba la “línea de sostenes”. En este segundo nivel se encontraban tropas de reserva, que podían apoyar a las de la primera línea en caso de encontrarse en dificultades. Se tendía a conectar estas dos líneas mediante caminos cubiertos, aunque a veces se daba el caso de un escalonamiento absoluto entre ambas líneas, de forma que la línea de sostenes fuera un cinturón aislado que los atacantes debían tomar una vez superada la primera línea.

Y cuando los medios lo permitían, se establecía un tercer nivel defensivo denominado “línea de detención”. Aquí se situaban los medios de último recurso con los que cerrar una posible penetración, incluyendo artillería.

A estas estructuras más o menos habituales se añadían otras en función del terreno y los medios al alcance, como voladuras preparadas, campos de minas, zanjas anticarro, etcétera.

El bando sublevado excavó mucho menos y de forma muy distinta: la forma de estructurar la defensa se realizaba en profundidad, mediante islotes de resistencia que pudieran hacer fuego en todas direcciones, batiendo con fuego cruzado al enemigo que se adentraba en la maraña de islotes. Otra ventaja de esta estructura defensiva con respecto a la disposición lineal era que se minimizaban los efectos producidos por las explosiones de los proyectiles de la artillería y la aviación. Aunque en Morata de Tajuña se da la paradoja de que en algunos lugares como los olivares de Cueva Blanca y La Solana, la cercanía del enemigo hizo que tuvieran que disponer también de una defensa lineal en oposición a las líneas contrarias para evitar infiltraciones enemigas.

El conjunto de fortificaciones que podemos ver en la ruta “Los Secretos de la Via Verde” (Elemento 4), formaba parte del despliegue de una posición en la retaguardia de la 1ª línea republicana, o “línea de sostenes”, compuesta por cinco “puestos de escuadra” para fusilería, que se complementaban con pequeños fortines cuadrados para armas automáticas. Se encuentran en mal estado de conservación, con las cubiertas desaparecidas, pero se puede apreciar muy bien su estructura. Los lienzos frontales, con las aspilleras para los fusileros en los puestos de escuadra y la tronera para la ametralladora en los nidos. Se conserva también parcialmente la red de trincheras que servía para comunicar la retaguardia con estas fortificaciones.

Trincheras

Las trincheras eran zanjas excavadas en el terreno para ocultar a los soldados de la vista del enemigo y que al mismo tiempo pudieran hacer fuego desde ellas. Frecuentemente se excavaban con forma de zig-zag para facilitar la protección de los soldados ante una explosión o el ataque de la aviación. Un ejemplo típico de este tipo de fortificaciones lo podemos apreciar en la ruta “Los Secretos de la Via Verde” (Elemento 5). Esta trinchera se enfrentaba a las posiciones franquistas de la desaparecida Casa de la Radio, enclave muy importante en la batalla del Jarama. En los alrededores de esta casa se produjeron durísimos combates entre los días 15 y 17 de febrero de 1937 entre la XI Brigada Internacional por parte republicana, y la V Bandera de la Legión y la Bandera de Falange de Castilla por parte franquista, llegando dichos combates el día 16 hasta la propia vía del ferrocarril, aunque tuvieron que replegarse finalmente las tropas sublevadas hasta los alrededores de la Casa de la Radio, quedando establecidas estas posiciones hasta el final de la guerra.