Isla Taray

La actual residencia de la Isla Tary ha sido, a lo largo de los últimos tres siglos, un complejo industrial que se ha dedicado a varias actividades, desde un batán de paños, hasta una fábrica de papel, pasando por la producción de electricidad en los albores del siglo XX.

La existencia de molinos y batanes en las riberas del Tajuña está documentada, al menos, desde el siglo XI, pero incluso antes, durante la presencia de los árabes ya consta la existencia de aceñas en las riberas del Tajuña.

Los molinos harineros, situados a lo largo del cauce del río Tajuña, fueron una de las industrias más antiguas de los pueblos ribereños de los ríos.

El principal molino que hubo en el término de Morata desde tiempo inmemorial era el situado en Isla del Taray. Era del tipo de molino de rodezno, como el que se puede ver en funcionamiento en Morata, en la Huerta de Angulo. La importancia de este molino hizo que lo adquiriera el Marqués de Leganés y Conde de Altamira, señor de la villa, realizándose importantes obras en 1660.

El Molino del Taray se reconvirtió a principios del siglo XVIII en Batán, iniciando esta actividad que perduró hasta mediados del siglo XIX. Esta situación favoreció la implantación de industrias textiles en el término de Morata, al contar con un buen elemento que la favorecía, como era el río Tajuña.

En 1792 se establece en el pueblo la Real Fábrica de Tejidos e Hilados. Siendo sus tejidos apreciados por los Reyes y el público que se acercaba al pueblo a encargar y comprar a pie de fábrica. La fábrica estuvo en funcionamiento hasta la invasión francesa de 1808.

El 9 de octubre de 1850, los periódicos de la época recogen la inauguración de un nuevo proyecto localizado en el batán de Morata, auspiciado por la familia Combé. Aunque, las dificultades económicas fueron insalvables para el empresario, ya que en algo más de 2 años se producía la subasta del mobiliario de la fábrica.

Una nueva iniciativa iba a forjarse en torno a la década de 1860. La Fábrica de papel continuo de Morata de Tajuña. La fábrica de papel, propiedad ahora de la sociedad Velasco, Romillo y Cia, volvía a funcionar, pero con un matiz importante. Ya no se trataba sólo de hacer cartones o diversos tipos de papel para distintos usos, sino de centrarse en la producción de papel continuo, es decir, rollos de grandes dimensiones con un destinatario principal: las empresas periodísticas.

La empresa morateña logró convertirse en proveedora de alguno de los periódicos más importantes de esos años, como era el caso de El Imparcial o La Correspondencia de España. La buena marcha de la fábrica de papel se truncó en 1878. Un incendio, que se propagó en la madrugada del 15 de agosto, significó un duro golpe. Tras el incendio, la fábrica de papel, fue reconstruida. Fue una de las fábricas mejor montadas de España, capaz de competir con las del extranjero; y en la que sus propietarios no omitieron medios para implantar las innovaciones tecnológicas que se iban sucediendo. Tenía una producción anual de 900.000 a un millón de kilos de papel. Ocupando diariamente entre 140 a 150 obreros entre hombres y mujeres.

En 1922 la Papelera del Tajuña fue de nuevo subastada, terminando así la que fue su principal actividad desde mediados del siglo XIX con diferentes empresas: la producción de papel.

En la segunda década del siglo XX, fue la empresa Marín Hermanos la que se hizo cargo de las instalaciones para elaborar borra y regenerados de algodón. También se constata que en la Isla Taray se producía luz eléctrica. Esta actividad del complejo industrial ya estaba asociada a las instalaciones desde el comienzo del siglo XX.

De hecho, junto a la luz que se producía en el molino de la Huerta de Angulo, el abastecimiento de Morata también procedía del viejo batán desde finales del siglo XIX y así lo publicaba El Imparcial el 13 de junio de 1898: “En Morata de Tajuña se ha inaugurado el alumbrado eléctrico. El vecindario festejó la mejora con músicas, bailes públicos y otros regocijos”.

Acabada la Guerra Civil, en la que los edificios fueron utilizados como sede del Estado Mayor republicano, la escasez de materia prima propició que la fábrica de borra y regenerados atravesara unos años de bonanza. La reutilización de trapos y otros tejidos desechados para la fabricación de borra seguía siendo su principal actividad que, según testimonios personales, requería un proceso previo de selección de los materiales reutilizados por colores, calidad y materia prima. En este trabajo se emplearon fundamentalmente trabajadoras procedentes de Morata y de otros pueblos cercanos que, en algunos años, llegaron a superar las ciento cincuenta personas.

Esta actividad duró hasta 1975. Tras años de declive y abandono, con el progresivo deterioro de las instalaciones, el espacio de Isla Taray acogió un taller de cerámica y, definitivamente, la residencia de ancianos promovida por el padre Ángel y Mensajeros de la Paz que se inauguró en el año 1988 y que ha impedido que estos edificios, tan ligados a la historia de Morata, desapareciesen del patrimonio local.