Iglesia parroquial Santos Niños Justo y Pastor

Es el principal monumento y está dedicada a la advocación de los Santos Niños Justo y Pastor. Es un claro ejemplo de iglesia barroca madrileña. Su construcción abarca dos épocas, la primera se lleva a cabo en el segundo tercio del siglo XVII en la que se levantan los muros del templo y la capilla mayor, hasta los arranques de los arcos que cierran la bóveda.

A la muerte del II señor de la villa don Julio Cesar Escazuela y Juzen en 1651, las obras se interrumpieron y durante siglo y cuarto estarán abandonadas, terminándose en 1789 con el patrocinio de la Condesa viuda de Pernía.

Las obras del nuevo templo parroquial dan comienzo en la primavera de 1637 con la explanación del solar; propiedad del concejo situado en la ladera de un gran cerro. Los trabajos son dirigidos por los maestros de obras Andrés de Palancares y Francisco Gutiérrez. El basamento del nuevo templo se hace de piedra caliza extraída del término de Tielmes y que se utiliza en las diversas obras que en estos años se llevaban a cabo en la villa como son el Palacio y el puente sobre el río Tajuña. Los ladrillos empleados en los muros se hacen en Valdilecha. En 1651, cuando quedaba poco para su conclusión con el cerramiento de las naves y la cúpula, muere su promotor, el señor de la villa don Julio Cesar Escazuola, y la falta de fondos del concejo y de los vecinos, así como los sucesivos malos gobiernos de Tielmes por los señores de la villa y la crisis del siglo XVII, hacen que el nuevo templo quede abandonado a su suerte.

Es en 1783 cuando se reanudan los trabajos con el patrocinio de la señora de la villa doña Josefa María de Villoria Pacheco de Guzmán y Velarde, Condesa viuda de Pernía. Las obras de terminación del templo las llevan a cabo los maestros de obras vecinos de la villa de Olías (Toledo) Casimiro y Feliciano Cornejo. Aprovechando la estructura del edificio inacabado del siglo XVII se demolerá gran parte de la pared de la cabecera del templo que da a la plazuela, que es reconstruida con verdugadas de ladrillo y cajón de mampostería, paramento similar al original. Se cierra la nave con bóveda de cañón y lunetas, se levanta la cúpula encañonada, y se concluye el tercer cuerpo de la torre, abriendo el hueco de las ventanas sobre las que penden las campanas, con la piedra que la Condesa de Pernía tenía en la huerta de palacio. La campana que tenía en su casa solariega, con la que los señores de la villa requerían la atención de los vecinos, es donada para la torre del nuevo templo así como unos balaustres de hierro para el antepecho del púlpito.

Las obras de reconstrucción de la iglesia de Tielmes concluyen con la edificación de una capilla dedicada a la Virgen de la Soledad, imagen que había donado a la parroquia en 1734 el Conde de Pernía.

El nuevo templo es bendecido en la Pascua de Pentecostés del año 1787, dos años después en 1789 adquirirá la categoría de Parroquia que le concede el Arzobispo de Toledo, Francisco Antonio Lorenzana, asimismo le concede a la Condesa viuda de Pernía el privilegio de poder ocupar un lugar preferente al lado del Evangelio, delante del banco de la justicia y colocar el escudo de sus armas en las pechinas de la cúpula y de enterrarse ella y sus familiares en la cripta situada a los pies del altar mayor.

El último elemento arquitectónico que se incorpora a la nueva iglesia parroquial es el retablo Mayor construido en yeso en 1787, de estilo neoclásico muy similar al de la Iglesia de San Marcos de Madrid. Los yesos estaban estofados imitando mármoles y jaspes. Según se puede ver en viejas fotografías constaba de tres cuerpos, en el banco se situaba el sagrario. En el cuerpo principal estaba la hornacina en la que se colocan las imágenes de los Santos Niños, patronos de la villa. En la Guerra Civil el retablo no fue destruido debido a su fábrica de yeso y ladrillo y a la conclusión de la contienda se restauró pintándole de color claro, perdiendo la policromía original que se encontraba muy deteriorada. Desgraciadamente el retablo no subsistió a un absurdo criterio de modernidad y en 1965 fue destruido para dejar el testero plano en el que se colocaron dos vidrieras de los Santos Niños (retiradas en 1996) y en la parte central la imagen de un Cristo crucificado.

En la cripta se guarda una de las mejores representaciones escultóricas que se conservan de los Santos Niños. Se trata de dos esculturas genovesas de mármol de Carrara del siglo XVII. Esculpidas en 1649 por el escultor Tomás Orsolino y su sobrino Juan Bautista Orsolino para el oratorio de la Casa Palacio del señor de la Villa, Julio César Escazuola. Pasaron a ser propiedad de la iglesia tal vez en 1787, cuando se bendijo la iglesia y se abrió al culto, allí permanecieron hasta los años treinta del siglo XX cuando fueron trasladadas a la ermita. En julio de 1936 las imágenes fueron rotas a mazazos y sus trozos arrojados al pozo que hay en la parte trasera del edificio. Al concluir la contienda se reconstruyeron aunque las cabezas originales no aparecieron, en su lugar se les colocó una mala réplica de yeso y posteriormente una de marmolina siguiendo el modelo de las esculturas. A finales de los años 90 fueron restauradas con las nuevas técnicas escultóricas sustituyendo las cabezas de marmolina, ofreciendo el aspecto que hoy tienen de adolescentes y no de dos niños de 6 y 9 años.