Museo Casa Cueva

Este hábitat tiene en España su origen en la Segunda Edad del Hierro y primeros tiempos de la dominación romana. Las viviendas comenzaron a construirse de forma generalizada en la primera mitad del siglo XVIII y, aunque es en Tielmes donde mayor impacto ha tenido a lo largo de los años, presenta magníficos ejemplos no sólo en este municipio sino también en toda la Ribera del Tajuña (Carabaña, Perales, Morata y Titulcia). El mayor auge se experimentó a mediados del siglo XX (algunos estudios afirman que en esos años existían 235 cuevas habitadas), quizá debido a las difíciles circunstancias de la época posterior a la Guerra Civil.

La población que habitaba las cuevas era la más desfavorecida económicamente, jornaleros o pequeños propietarios agrícolas, carentes de recursos económicos para poder acceder a una vivienda al uso. Se excavaban con el único requisito de pedir permiso aunque a partir de 1960 el Ayuntamiento fue adquiriéndolas para cederlas a sus moradores. Actualmente casi todas han sido sustituidas por casas en altura o han pasado a utilizarse como almacenes o bodegas.

Para iniciar su construcción se elegía la ladera de un cerro de naturaleza silíceo calcárea, material fácil de excavar y que aguanta bien la oquedad que se le hace sin desprenderse. Se le hacía un corte vertical que correspondería a la fachada, que se reforzaba con un muro de mampostería rematado con un tejadillo de tejas redondas, en el que se abrían los huecos que correspondían a la puerta de entrada y a las ventanas de las habitaciones que daban a la explanada de entrada, que se formaba con la tierra sacada de la excavación; esta tierra también se echaba en la parte alta de la vivienda ya que esa capa de tierra formaba cuerpo con la superficie natural en la que brotaría vegetación propia de la zona que la aislaba de la humedad.

Estas cuevas eran construcciones de una sola planta, distribuidas según las circunstancias pero que compartían estructura. En el portal de entrada se abrían los huecos de las habitaciones. La cocina era el principal elemento ya que, además de cocinar en ella, eliminaba la humedad y repartía el calor uniformemente por toda la vivienda. La cuadra se excavaba si la cueva era grande al fondo y si era de poco tamaño en una cueva anexa. Las habitaciones se distribuían según las necesidades; en el interior no había puertas, las habitaciones se tapaban con una cortina. La altura de los techos variaba por los defectos de su construcción, tenían unos dos metros y medio, generalmente más bajos que una casa, y de forma abovedada en cañón en las habitaciones o de arista en el portal de entrada.

Hoy día las escasas cuevas habitadas cuentan con todos los medios para hacer la vida digna, diferenciándose poco de una casa pues cuentan con luz eléctrica y agua corriente, la mayoría se han conservado al construirse una casa delante quedando como unas dependencias más, como bodegas, pequeños museos de aperos de labranza, o para dormir en ellas los días más calurosos de verano.

El Museo Casa Cueva cuenta con seis estancias, distribuidas en una parte delantera y otra parte trasera. En la primera se encuentran la cocina, el recibidor y el dormitorio infantil, en la parte trasera se sitúan la alcoba del matrimonio, el trastero y el gallinero o cuadra. Por su valor antropológico e histórico y como muestra del aspecto que presentaban estas viviendas en sus días de mayor auge, hacia los años cincuenta del pasado siglo, el Ayuntamiento ha rehabilitado esta cueva en el año 2006.